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Snatch Underwear.-
Una marca de ropa interior que se parece a mí.
Me gustan los diseños para hombres. Los usaría sin problema alguno porque van con mi personalidad.
Los diseños femeninos son “quita aliento”.
Me encanta que las mujeres utilicen prendas así: distintas y divertidas.
Sin encajes y bordados.
Para ver más:
Procedo a contar:
Hace dos semanas, tal vez un poquito más o un poquito menos, recibí una llamada desde Maracaibo, la tierra que me recibió al nacer y me despidió a los cuatro meses de nacido. Asombrado al ver un número extraño (0261) en la pantalla de mi celular, contesté rápidamente para saber quién llamaba a mitad de mañana.
Al hacerlo, una voz femenina – con el peculiar acento maracucho- me habla. Pregunta si soy Edgar Soto y al escuchar la confirmación de mi identidad, procede a relatar el típico discurso que usan las empresas para captar personal (somos un grupo corporativo con más de 30 años en la región, sólido, confiable y bla, bla, bla).
Según lo que me explicó la mujer al otro lado del teléfono, mi resumen curricular llegó a su poder gracias a la Internet. Sinceramente, no recuerdo haber enviado mi hoja de vida a esa organización, pero no era descabellado el argumento esgrimido por la susodicha en ese momento, pues durante meses he estado mandando mis datos a centenares de empresas, a través del correo electrónico. Así que lo más seguro es que sí lo haya enviado y mi memoria no lo haya registrado. Cosas de la edad.
En fin, continúo. La tipa me citó para una entrevista laboral. Sin pensarlo dos veces, reservé una habitación en un hotel tres estrellas (fugaces) y compré mi boleto para viajar en autobús. El viaje transcurrió con total normalidad. En un abrir y cerrar de ojos estaba en la ciudad de Chiquinquirá Delgado y Daniel Sarcos. No lo podía creer. El calor terrible, el sol implacable y yo con mi carpetita debajo del brazo, anhelando empezar otra etapa en mi carrera.
Sudado y con el cutis bastante brilloso, me presenté en la entrevista, no sin antes haber recorrido tres cuadras llaneras buscando la fulana empresa. Respiré profundo, conté hasta 2021 y entré a la oficina, donde me esperaba la gerente de RRHH. Respondí a sus preguntas con serenidad y espontaneidad, cual Miss Venezuela. Con una sonrisa a flor de piel, expuse las razones por las cuales creía ser la persona indicada para ocupar el cargo vacante.
Aparentemente caí muy bien. Mi perfil encajaba perfectamente en la empresa. Es más, fui uno de los pocos que demostró las cualidades solicitadas. ¿Cómo lo supe? A los días, después de regresar a mi realidad (Barquisimeto), volvieron a llamar para decírmelo. Al fin una empresa había valorado mi potencial, pensé en ese instante.
Esa llamada tuvo dos fines: informarme que era uno de los principales candidatos al puesto de Supervisor de Mercadeo y Eventos Especiales (rol que me gustaría ejercer), y preguntarme si tenía vehículo propio en buen estado.
¡POW! La inesperada pregunta me golpeó durísimo. Por segundos mi mente quedó en blanco, como un documento nuevo en Word. Quise llamar a un amigo o consultar con la audiencia, no pude. No tuve más opción que contestar con total sinceridad: NO TENGO.
Hasta el día de hoy no he vuelto a saber de la empresa. Miro mi celular y no tengo mensajes ni llamadas perdidas. Reviso el correo y nada. Mi esperanza fue atropellada por un vehículo inexistente. Me quedé accidentado a medio camino. Perdí una buena oportunidad por no tener carro.
¡Qué rabia! Es la triste realidad de un chico desparpajado en busca del empleo ideal.
Continuará…
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Quiero activar una cuenta en Twitter, pero aún no me decido.
Por ello, he decidido hacer una CONSULTA POPULAR.
¿La activo? ¿Qué opinas?
¿Me seguirías?
Deja tu comentario (voto) y aprovecha la democracia que existe en el mundo desparpajado.
Por ahora…
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Archivado en: Así opino | Etiquetas: Conatel, Libertad de expresión, RCTV Internacional, Venezuela
Tenía sintonizado RCTV Internacional para seguir detalle a detalle su salida del aire, por segunda vez.
Hace apenas algunos minutos, las operadoras de cable dejaron de transmitir su señal y no he movido el control remoto para cambiar de canal.
Desde entonces, en mi cuarto se escucha un aturdidor silencio.
El sonido de la arbitrariedad.









