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La delincuencia venezolana está encaprichada con los comunicadores sociales. Nuevamente asesinan a uno del gremio, esta vez en Valencia, estado Carabobo. La víctima fue el periodista Orel Sambrano, locutor de Radio América y columnista de Notitarde.
Al parecer, el comunicador social estaba justo frente al Colegio Calazans cuando fue interceptado por un sujeto que le disparó a corta distancia. Obviamente la hipótesis del sicariato encabeza la lista de posibles causas del deceso, sin embargo, los organismos de seguridad de ese estado todavía no han ofrecido sus apreciaciones al respecto.
Sambrano es el segundo periodista venezolano asesinado en 2009. El primero, cabe recordar, fue Jacinto Elías López, barquisimetano, egresado de la UFT.
Con noticias así es oportuno preguntarse: ¿Qué está sucediendo en Venezuela? ¿Acaso los derechos humanos emigraron del país, como lo hacen cada día más compatriotas?
Este caso, uno más del montón, demuestra que la inseguridad se anota un punto en su empeño por acabar con los venezolanos. Mientras tanto, otra familia criolla queda sin un integrante y sin una repuesta contundente de parte de los gobernantes, quienes diariamente se lucen haciendo peor su trabajo.
No hay gobernabilidad, mucho menos seguridad. Cada vez es más peligroso salir a la calle porque las garantías escasean. Así están las cosas en mi país, tu país, nuestro país.
Que Dios nos agarre confesados, como dicen las abuelas.
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¡Qué lamentable! Da tristeza reconocer que en el estado donde vivo la delincuencia también lleva los pantalones, como sucede en casi toda Venezuela. Ya no existen los fulanos derechos ciudadanos, ha desaparecido cualquier vestigio de seguridad y sólo se observa la macabra sonrisa del hampa común, esa sonrisa fría y sin escrúpulos que acaba con la vida y da paso a la impunidad.
Según reportes de fin de año, se registraron un total de 765 muertes violentas en la entidad crepuscular, de las cuales 686 fueron catalogadas como homicidios, para un aumento de 15,1 por ciento en comparación con 2007.
Por mes, se cuentan las siguientes cifras: en enero se reportaron 59, febrero 68, marzo 58, abril 59, mayo 71, junio 58, julio 62, agosto 74, septiembre 59, octubre 64, noviembre 54 y diciembre con 79, siendo el mes más violento, pese a los operativos de seguridad impletamentados por los organismos policiales.
En Iribarren (Barquisimeto), el municipio más extenso, se contabilizaron 546 muertes violentas. Le siguen Palavecino con 44, Morán con 40, Torres y Jiménez igualados con 38, Andrés Eloy Blanco con 22, Crespo con 18 y Urdaneta, con apenas un caso.
Fin de año mortal
La sangre no se detuvo ni por tratarse del último día del año. Según reportes del diario El Informador, en Lara- durante el asueto de fin de año- 13 personas fueron asesinadas en diferentes hechos ocurridos el 31 de diciembre y el primero de enero de 2009. La mayoría de los casos fueron por venganza y resistencia al robo.
El diario El Impulso coincide en que el inicio de este nuevo año arrancó en rojo, al registrarse aproximadamente ocho fallecimientos a causa de disparos en diferentes escenarios de la ciudad. Notas publicadas por este periódico informaron que la emergencia del Hospital Antonio María Pineda lució abarrotada de pacientes, así como el Servicio de Anatomía Patológica, donde ingresaron al menos 15 cadáveres en las primeras 48 horas de 2009.
Si así fue el inicio de año, no quiero imaginar cómo será el resto de los días. Nos tocará salir blindados o protegidos por par de guardaespaldas a ver si así sobrevivimos en un estado sin Ley, donde los gobernantes brillan por su ausencia, cual lucecita de navidad.
Tal vez la salida sea invocar al Chapulín Colorado para que nos defienda o elevar una plegaria y encomendarnos a todos los Santos. Creo más en la última opción.
Repitan conmigo: Protégenos Señor… ¡Te lo pedimos Señor!
Se aproxima el DÍA DEL PERIODISTA y lamentablemente será una celebración enlutada por la muerte de Javier García, quien dejó de existir a manos de un asesino inescrupuloso, uno más de los tantos que abundan en este país.
Mucho se ha comentado sobre este caso. Hipótesis van y vienen. Los personajes del periodismo y la política nacional han aparecido exponiendo sus suposiciones en pantalla, todos sin pruebas fehacientes. Algunos culpan a la delincuencia que reina en Venezuela, otros a las tendencias sexuales del comunicador. Pero ningún bando tiene la verdad en sus manos, porque ésa se la llevó García a la tumba.
Lo impresionante del hecho, además de la sorpresiva desaparición física, es el manejo que le han dado a la información. Mientras un sector lo recuerda y le rinde homenaje, otro enturbia la reputación del difunto con la insinuación de un supuesto romance homosexual como causa del homicidio.
Nunca conocí a Javier García, sólo lo llegué a ver en el noticiero de RCTV (como la gran mayoría). Desconozco sus gustos, costumbres y manera de vivir. Pero sí creo que merece respeto después de muerto. La vida privada de las personas es uno de los tesoros más resguardados, no se debe especular con ésta. Mucho menos, cuando el ciudadano de quien se habla ya no existe para defenderse, para ejercer su derecho a réplica.
Hace poco me llegaron al correo las presuntas fotos del cuerpo de Javier García desangrado y encima de una cama. No estoy de acuerdo con el traspaso de estas imágenes, porque se está exponiendo -de manera sensacionalista- la tragedia humana. Cabe recordar que este hombre ha de tener familia y no es ético jugar con el dolor ajeno.
Que si era o no era gay, eso a mí no me interesa. Lo significativo de este episodio es que, una vez más, queda demostrado que la sociedad venezolana está inmersa en una terrible pérdida de valores. No hay garantía de nada, se vive en un país sin Ley. Al descubierto queda la poca conciencia ciudadana que tenemos y la carencia de patrones que inculquen principios en pro del respeto y la vida.
Es triste que hoy sea un colega el protagonista de la noticia, el encabezado de los diarios. Pero así como él, diariamente mueren decenas de venezolanos sin explicación alguna. Entonces, ¿hasta cuándo seguiremos así? He allí el detalle de este incierto panorama.
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Hace poco leí en la revista Todo en Domingo las opiniones de un grupo de expertos (psicólogos, sociólogos y afines) en torno al comportamiento de los jóvenes de hoy. Los testimonios, recogidos por Julieta Bravo del diario La Nación (Argentina), ahondaban en las características principales de la “generación narcisista”; ésa que vive y muere por mantener la imagen impecable y prefecta ante los demás, sin importar cuánto pueda costar dicho mantenimiento.
Al culminar de leer el reportaje divulgado por la dominguera publicación, no aguanté las ganas de sentarme frente a mi computadora y redactar algunas líneas sobre esa “generación narcisista” a la que preferí denominar “los hijos del exhibicionismo”, ya que – efectivamente- se trata de jovencitos y jovencitas que dan lo que no tienen por mostrarse y llamar la atención. Son esos pequeños, y no tan pequeños, retoños de las últimas décadas que centran su existencia en la exhibición como modus operandi.
Parece ser que esta actitud desinhibida y muchas veces carente de prejuicios morales es un fenómeno masivo, un resultado más de la globalización. Y es que se ha determinado (no lo digo yo, lo arrojan los estudios) que el desarrollo de la tecnología y los sistemas de información son – en gran parte- culpables del nacimiento de esta nueva forma de vida.
La necesidad de querer mostrarse en público y de sentirse admirado está ocupando un lugar cada vez más alto en el ranking de trastornos psicológicos de una adolescencia que hoy se prolonga hasta más allá de los 30 años. En consecuencia, cada día vemos más gente exponiéndose como meros productos en vitrina de descuento.
Si miramos la televisión, percibiremos infinidades de programas (los famosos reality shows) que propagan las intimidades de las “estrellitas” sin ningún tipo de censura. Es como si la humanidad entendiese que ofrecer su vida privada a los otros es una moda, la cual no acepta rebelión alguna.
Por eso es que en Internet conseguimos links que nos conducen a los videos públicos y prohibidos de centenares de personas que han decidido compartir su privacidad con el mundo. O tantos “espacios” de niños y niñas que muestran sus fotos sin regulación. Es impresionante la cantidad de sitios (myspace, facebook, hi5, etc.) creados para publicar imágenes, exponerse virtualmente, cautivar adeptos y sentir una extraña – y hasta enfermiza- sensación de admiración pública. Abrumadora realidad, ¿no lo creen?
En definitiva, mientras el común denominador siga alcanzado placer al sentirse mirado y deseado por miles de ojos (conocidos y desconocidos), continuará la proliferación de medios que apoyen estas acciones. Y como la ambición por deslumbrar y lograr “conexión” con similares es propia de nuestra naturaleza, seguramente esto va para largo.
¿Será entonces que la fascinación por enseñarlo todo o casi todo a los semejantes enmascara inseguridades propias de la mentalidad moderna? La respuesta, probablemente, la encontraremos hurgando la vida, los videos y las fotos ajenas. ¡Qué cosas! ¿No?



