Desparpajado


Otro más, otro menos
18/01/2009, 4:48 PM
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uno-mas

 

La delincuencia venezolana está encaprichada con los comunicadores sociales. Nuevamente asesinan a uno del gremio, esta vez en Valencia, estado Carabobo. La víctima fue el periodista Orel Sambrano, locutor de Radio América y columnista de Notitarde. 

 

Al parecer, el comunicador social estaba justo frente al Colegio Calazans cuando fue interceptado por un sujeto que le disparó a corta distancia. Obviamente la hipótesis del sicariato encabeza la lista de posibles causas del deceso,  sin embargo, los organismos de seguridad de ese estado todavía no han ofrecido sus apreciaciones al respecto.

 

Sambrano es el segundo periodista venezolano asesinado en 2009. El primero, cabe recordar, fue Jacinto Elías López, barquisimetano, egresado de la UFT.

 

Con noticias así es oportuno preguntarse: ¿Qué está sucediendo en Venezuela? ¿Acaso los derechos humanos emigraron del país, como lo hacen cada día más compatriotas?

 

Este caso, uno más del montón, demuestra que  la inseguridad se anota un punto  en su empeño por acabar con los venezolanos. Mientras tanto, otra familia criolla queda sin un integrante y sin una repuesta contundente de parte de los gobernantes, quienes diariamente se lucen haciendo peor su trabajo.

 

No hay gobernabilidad, mucho menos seguridad. Cada vez es más peligroso salir a la calle porque las garantías escasean. Así están las cosas en mi país, tu país, nuestro país.

 

Que Dios nos agarre confesados, como dicen las abuelas.

 



Delincuencia gobierna en Lara
04/01/2009, 12:12 AM
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delincuencia

 

¡Qué lamentable! Da tristeza reconocer que en el estado donde vivo la delincuencia también lleva los pantalones, como sucede en casi toda Venezuela. Ya no existen los fulanos derechos ciudadanos, ha desaparecido cualquier vestigio de seguridad y sólo se observa la macabra sonrisa del hampa común, esa sonrisa fría y sin escrúpulos que acaba con la vida y da paso a la impunidad.

 

Según reportes de fin de año, se registraron un total de 765 muertes violentas en la entidad crepuscular, de las cuales 686 fueron catalogadas como  homicidios, para un aumento de 15,1 por ciento en comparación con 2007.

Por mes, se cuentan las siguientes cifras: en enero se reportaron 59, febrero 68, marzo 58, abril 59, mayo 71, junio 58, julio 62, agosto 74, septiembre 59, octubre 64, noviembre 54 y diciembre con 79, siendo el mes más violento, pese a los operativos de seguridad impletamentados por los organismos policiales.

En Iribarren (Barquisimeto), el municipio más extenso, se contabilizaron 546 muertes violentas. Le siguen Palavecino con 44, Morán con 40, Torres y Jiménez igualados con 38, Andrés Eloy Blanco con 22, Crespo con 18 y Urdaneta, con apenas un caso.  

Fin de año mortal

 

La sangre no se detuvo ni por tratarse del último día del año. Según reportes del diario El Informador, en Lara- durante el asueto de fin de año- 13 personas fueron asesinadas en diferentes hechos ocurridos el 31 de diciembre y el primero de enero de 2009. La mayoría de los casos fueron por venganza y resistencia al robo.

 

El diario El Impulso coincide en que el inicio de este nuevo año arrancó en rojo, al registrarse aproximadamente ocho fallecimientos a causa de disparos en diferentes escenarios de la ciudad. Notas publicadas por este periódico informaron que la emergencia del Hospital Antonio María Pineda lució abarrotada de pacientes, así como el Servicio de Anatomía Patológica, donde ingresaron al menos 15 cadáveres en las primeras 48 horas de 2009.

 

Si así fue el  inicio de año, no quiero imaginar cómo será el resto de los días. Nos tocará salir blindados o protegidos por par de guardaespaldas a ver si así sobrevivimos en un estado sin Ley, donde los gobernantes brillan por su ausencia, cual lucecita de navidad.

 

Tal vez la salida sea  invocar al Chapulín Colorado para que nos defienda o elevar una plegaria y encomendarnos a todos los Santos. Creo más en la última opción.

 

Repitan conmigo: Protégenos Señor… ¡Te lo pedimos Señor!

 

 



La muerte de Javier García
22/06/2008, 8:06 PM
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Se aproxima el DÍA DEL PERIODISTA y lamentablemente será una celebración enlutada por la muerte de Javier García, quien dejó de existir a manos de un asesino inescrupuloso, uno más de los tantos que abundan en este país.

 

Mucho se ha comentado sobre este caso. Hipótesis van y vienen. Los personajes del periodismo y la política nacional han aparecido exponiendo sus suposiciones en pantalla, todos sin pruebas fehacientes. Algunos culpan a la delincuencia que reina en Venezuela, otros a las tendencias sexuales del  comunicador. Pero ningún bando tiene la verdad en sus manos, porque ésa se la llevó García a la tumba.

 

Lo impresionante del hecho, además de la sorpresiva desaparición física, es el manejo que le han dado a la información. Mientras un sector lo recuerda y le rinde homenaje, otro enturbia  la reputación del difunto con la insinuación de  un supuesto romance homosexual como causa del homicidio.

 

Nunca conocí a Javier García, sólo lo llegué a ver en el noticiero de RCTV (como la gran mayoría). Desconozco sus gustos, costumbres y manera de vivir. Pero sí creo que merece respeto después de muerto. La vida privada de las personas es uno de los tesoros más resguardados, no se debe especular con ésta. Mucho menos, cuando  el ciudadano de quien se habla ya no existe para defenderse, para ejercer su derecho a réplica.

 

Hace poco me llegaron al correo las presuntas fotos del cuerpo de Javier García desangrado y encima de  una cama. No estoy de acuerdo con el traspaso de estas imágenes, porque se está exponiendo -de manera sensacionalista- la tragedia humana. Cabe recordar que este hombre ha de tener familia y no es ético jugar con el dolor ajeno. 

 

Que si era o no era gay, eso a mí no me interesa. Lo significativo de este episodio es que, una vez más, queda demostrado que la sociedad venezolana está inmersa en una terrible pérdida de valores. No hay garantía de nada, se vive en un país sin Ley. Al descubierto queda la poca conciencia ciudadana que tenemos y la carencia de patrones que inculquen principios en pro del respeto y la vida.

 

Es triste que hoy sea un colega el protagonista de la noticia, el encabezado de los diarios. Pero así como él, diariamente mueren decenas de venezolanos sin explicación alguna. Entonces, ¿hasta cuándo seguiremos así? He allí el detalle de este incierto panorama.

 

 



Monumental discoteca pública
12/06/2008, 3:41 PM
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No cabe duda, Carlos Cruz Diez tuvo visión comercial cuando creó el Monumento al Sol Naciente. Nadie pensó jamás que lo que parecía ser una obra de arte, era en realidad el proyecto rumbero más ambicioso de los últimos tiempos.

 

¿Exagero? Para nada. Analicen bien el caso. Este monumento fue un regalo que le hizo el artista a Barquisimeto en 1989. A simple vista es una obra que responde a parámetros cinéticos, con 32 paneles dispuestos de forma transversal como si nacieran del suelo. Por el nombre, forma y colores, se deduce que está inspirado en el Sol y desde su concepción se transformó en un icono regional, gracias a su valor y  trasfondo artístico.

 

Ahora bien, todo esto se fue al diablo. El descontrol ciudadano invadió a la popular redoma  y la expropió (como cosa rara en este país) de todo significado cultural. Pasó a ser “el punto de encuentro”, destronó a CC Las Trinitarias y se perfila como la discoteca de mayor duración en la región (recordemos que en Barquisimeto no dura ningún local nocturno).

 

Con sinceridad,  es escalofriante transitar un jueves, viernes o sábado en la noche por la Av. Libertador (sector Este) y apreciar el gozo de decenas de personas (en su mayoría jóvenes), quienes bailan al ritmo de música mundana, beben licor desmesuradamente y en ocasiones, se manosean sin freno alguno. Todo esto que describo, en pleno Monumento al Sol.   

 

¿Es que no hay otro lugar para derraparse? No entiendo las tendencias urbanas de hoy. Lo que debería cuidarse, se destruye. Lo que debería aniquilarse, perdura. Me resulta todo muy contradictorio. ¡Qué triste realidad!

 

Tales acciones reflejan el precario nivel sociocultural del que son presa los barquisimetanos (disculpen si generalizo). No es posible que un espacio público de tanta envergadura termine siendo un depósito de borrachos, un refugio de botellas vacías o un charco de orina piche. Si mal no recuerdo, éste no fue construido para un fin tan básico.

 

Por lo visto, la conciencia ciudadana en Barquisimeto está de vacaciones o ya se jubiló. Los padres no educan a sus hijos, los jóvenes no quieren servir para nada y las autoridades en vez de resguardar el patrimonio cultural de la ciudad, promueven su deterioro con horribles adornos que contaminan visualmente y afean el fino acabado de esta elogiada construcción.

 

Como un habitante más de este pueblo con ínfulas de gran urbe, deploro estas situaciones. Quizás sea yo el equivocado o el anormal, pero no puedo aplaudir la falta de respeto a la obra de Cruz Diez. No me extrañaría que en un futuro no muy lejano, el Monumento de la Divina Pastora sea transformado en un centro de bailoterapia, bajo el lema “ahora los espacios público sí son de todos”. ¡Qué asco!    

 

 



Los hijos del exhibicionismo
01/05/2008, 11:43 PM
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Hace poco leí en la revista Todo en Domingo las opiniones de un grupo de expertos (psicólogos, sociólogos y afines) en torno al comportamiento de los jóvenes de hoy. Los testimonios, recogidos por Julieta Bravo del diario La Nación (Argentina), ahondaban en las características principales de la “generación narcisista”; ésa que vive y muere por mantener la imagen impecable y prefecta ante los demás, sin importar cuánto pueda costar dicho mantenimiento.

 

Al culminar de leer el reportaje divulgado por la dominguera publicación, no aguanté las ganas de sentarme frente a mi computadora y redactar algunas líneas sobre esa “generación narcisista” a la que preferí denominar “los hijos del exhibicionismo”, ya que – efectivamente- se trata de  jovencitos y jovencitas que dan lo que no tienen por mostrarse y llamar la atención. Son esos  pequeños, y no tan pequeños, retoños de las últimas décadas que centran su existencia en la exhibición como modus operandi.  

 

Parece ser que esta actitud desinhibida y muchas veces carente de prejuicios morales es un  fenómeno masivo, un resultado más de la globalización. Y es que se ha determinado (no lo digo yo, lo arrojan los estudios) que el desarrollo de la tecnología y los sistemas de información son – en gran parte- culpables del nacimiento de esta nueva forma de vida.

 

La necesidad de querer mostrarse en público y de sentirse admirado está ocupando un lugar cada vez más alto en el ranking  de trastornos psicológicos de una adolescencia que hoy se prolonga hasta más allá de los 30 años. En consecuencia, cada día vemos  más gente exponiéndose como meros productos en vitrina de descuento.

 

Si miramos la televisión, percibiremos infinidades de programas (los famosos reality shows) que propagan las intimidades de las “estrellitas” sin ningún tipo de censura. Es como si la humanidad entendiese que ofrecer su  vida privada a los otros es una moda, la cual no acepta rebelión alguna.

 

Por eso es que en  Internet conseguimos links que nos conducen a los videos públicos y prohibidos de centenares de personas que han decidido compartir su privacidad con el mundo. O tantos “espacios” de niños y niñas que muestran sus fotos sin regulación. Es impresionante la cantidad de sitios (myspace, facebook, hi5, etc.) creados para publicar imágenes, exponerse virtualmente, cautivar adeptos y sentir una extraña – y hasta enfermiza- sensación de admiración pública. Abrumadora realidad, ¿no lo creen?  

 

En definitiva, mientras el común denominador siga alcanzado placer al sentirse mirado y deseado por miles de ojos (conocidos y desconocidos), continuará la proliferación de medios que apoyen estas acciones. Y como la ambición por deslumbrar y lograr “conexión” con similares es propia de nuestra naturaleza, seguramente esto va para largo.

 

¿Será entonces que la fascinación por enseñarlo todo o casi todo a los semejantes  enmascara inseguridades propias de la mentalidad moderna? La respuesta, probablemente, la encontraremos hurgando la vida, los videos y las fotos ajenas. ¡Qué cosas! ¿No?