Desparpajado


Mi papá y los jugos naturales
04/09/2008, 3:02 PM
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Más que costumbre es obsesión. A veces quisiera entenderlo pero no puedo, se me hace complicado. A él le fascina pelar y picar las frutas, para luego licuar, colar y hacer un delicioso jugo de… lo que sea. En cambio yo, adoro el facilismo de las bebidas instantáneas, prefiero abrir, mezclar y beber. Así de sencillo.

 

Cuando él está en la cocina, opto por mantenerme alejado del área y así no entorpecer sus labores domésticas. Sobre todo cuando se trata del ritual del jugo, un proceso meticuloso que no acepta alteración. Mi papá es de los que mide la cantidad de agua, cuenta las cucharadas de azúcar y los trozos de frutas. No puede hacer un jugo sin seguir al pie de la letra su receta mental. ¡Qué fastidio!

 

En contraste, yo  le huyo a las frutas. Hacer un jugo natural me genera mucha flojera y cuando lo hago, no me queda sabroso. Es como si la vida, el destino o alguna fuerza mayor me mandaran señales. Es por ello que me inclino por el consumo de gaseosas (dañinas pero refrescantes), sólo destapo y listo.

 

Para que comprendan mejor mi planteamiento les citaré un ejemplo: a mediodía, cuando uno está más apurado  porque necesita terminar el almuerzo rápidamente para comer y salir de nuevo a la jornada laboral, mi padre se dispone a hacer un juguito (con todo el procedimiento que implica el caso). Con parsimonia elige las frutas,  quita la concha, pica, licua y pare de contar. En vez de escoger la vía rápida y abrir un sobrecito de Tang. ¿Ahora entienden? Es desesperante.

 

Su antojo por los jugos ha alcanzado un nivel preocupante. ¿No me creen? Pues les cuento que es capaz de acompañar un plato de pasta con jugo, una pizza con jugo o una hamburguesa con jugo. Eso sobrepasa los límites aceptables.

 

Lo peor del asunto es que mi hermano menor va por el mismo camino. ¿Será que merezco semejante castigo? Al parecer sí, porque convivo con ellos y tengo que calarme el “natural” gusto por los jugos que ambos comparten. Ni modo, no me queda otra alternativa. Mientras,  seguiré comprando sobres de Nestea, Tang, Clight y botellones de refresco, a ver si puedo encaminarlos por el sendero de la comodidad y el facilismo. Créanme, será una misión imposible.

 

 



El rey de la casa
22/05/2008, 2:21 PM
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En mi casa, hace poco adquirimos un nuevo microondas y desde entonces el inquilino blanco se ha convertido en el rey del hogar, el consentido de la familia Soto Rodríguez.

 

Su llegada ha significado, sobre todo  para mi madre, la solución a muchos dolores de cabeza relacionados con los oficios del hogar. Y es que no cabe duda, tener un microondas (a pesar de no ser el artefacto del año) facilita la vida. Por tal motivo, todos lo cuidamos y veneramos como si fuera milagroso.

 

A decir verdad no hace gran cosa. El muy descarado se limita a calentar, recalentar y descongelar. Pero está malcriado por nosotros mismos, quienes le hemos otorgado un valor sentimental fuera de lo normal. Lo limpiamos con cariño, lo protegemos de la grasa, velamos por su estado físico y hasta pensamos “sacarle cría”.

 

Tienen que verlo: es muy lindo, blanquito, iluminado, bien acabado. Cuando abre su puerta pareciera  presentarnos un mundo paralelo con alternativas sobrenaturales. Es como adentrarse a otra dimensión, en la cual predomina la comodidad, rapidez y facilismo.

 

Ahora llegamos con hambre y todo, absolutamente todo, va para el microondas. La tostadora pasó a la historia, el Baño de María ni hablar. Casi se nos olvida lo que significa encender una hornilla, porque el muy vivo (hablo del microondas) nos tiene malacostumbrados a la tendencia instantánea: 2 minutos y listo.

 

Creo que mi mamá está pensando en enseñarle a licuar, batir y freír; así alcanzaría el máximo nivel de perfección. Particularmente no creo que adquiera tales habilidades, es algo flojo. Sin embargo, le reconozco todo lo que nos ha dado y por eso no le exijo más de lo que puede hacer.  

 

Ojalá ustedes también aprendan a apreciar las cosas que tienen. A nosotros se nos hizo fácil, ya que nuestro microondas es adorable y se hace querer. El muy “tontín” es un caso y sólo espero que nunca se dañe, eso sería un duro golpe… algo difícil de superar.