
ESTE AVISITO ESTÁ DEDICADO A TODAS AQUELLAS PERSONAS QUE EJERCEN CARGOS GERENCIALES Y NO TIENEN NI PUTA IDEA DE CÓMO ENCAMINAR UNA ORGANIZACIÓN.
QUERER APRENDER ES UN BUEN COMIENZO, ANÍMENSE. DEJEN EL FACILISMO, APROVECHEN LAS OPORTUNIDADES QUE LES BRINDA LA VIDA. NO SE CIERREN AL CONOCIMIENTO, TODAVÍA TIENEN TIEMPO PARA “INTENTARLO”.

¿Qué hacer cuando el gerente no hace? He ahí el dilema.
Ante los vertiginosos cambios sociales y los avances tecnológicos, liderar una organización se ha convertido en una misión bastante compleja. Lo es porque involucra una serie de factores, tanto internos como externos, que merecen especial atención y control para alcanzar los objetivos propuestos en la planificación estratégica.
Empecemos con el deber ser. La gerencia actual debe estar orientada a los análisis estratégicos, puesto que es muy importante tomar en cuanta el entorno y su influencia positiva/negativa en la organización. En consecuencia, el gerente debe hacer gala de una visión muy amplia para canalizar los esfuerzos en conjunto y así lograr las metas planteadas (colectivas e individuales). Además debe ser capaz de desarrollar un plan de acción para desplazar a la competencia y posicionar a la organización en los primeros lugares del mercado al cual pertenece.
En tal sentido, un gerente del nuevo milenio (calificación impuesta por algunos autores) debe comprender el cambio social y adaptarse a éste de la mejor manera, considerando la evolución tecnológica, los sistemas amplios de comunicaciones, procesos automatizados de fabricación, entre muchos otros aspectos.
La persona que, hoy día, asume el rol de ser gerente tiene una gran responsabilidad sobre sus hombros porque debe acabar con una serie de paradigmas para darle entrada a las nuevas tendencias, acoplarse al ritmo de este mundo inestable y responder a los requerimientos de su personal.
Como si fuera poco, se espera que el gerente moderno sea un profesional con alto nivel de motivación, excelente capacidad de comunicación, responsabilidad, liderazgo a prueba de balas y visión previsiva.
Entonces, según estos criterios, no todo mundo puede ser GERENTE. Quien se “monte en el coroto” (así decimos en Venezuela para referirnos al acto de asumir el poder) DEBE estar preparado, ser dueño de experiencia y conocimiento, binomio que será de gran utilidad para tener éxito.
Le toca el turno a la realidad. En este pueblo con ínfulas de ciudad, la realidad gerencial es la antítesis del deber ser. Aquí el gerente es el compadre del dueño de la empresa, el hijo/ hija que no supo qué hacer con su vida, la vecina sexy – quien a su vez es la mejor amiga de la esposa del dueño- o simplemente es el mismo dueño, quien egoístamente no ha querido entender que su tiempo expiró.
También se han visto casos de gerentes que ni siquiera han pisado el pasillo de una universidad, instituto académico o afín. O, aún más triste, casos de presidentes que eligen gerentes ineptos para sentirse superiores. ¡Ja! Envidiable manera de pensar.
La mayoría de las pequeñas, medianas y hasta grandes empresas barquisimetanas presentan signos de DEFICIENCIA GERENCIAL, virus que – al parecer- se propaga por los ductos de aires acondicionados. Mosca, es contagioso.
Cada día es más usual escuchar al recurso humano de una organización quejarse por la ineficiencia de su jefe. “No motiva, no posee autoridad, no delega ni asume, no resuelve, sólo piensa en sí mismo (a)…”, son las expresiones más recurrentes. Éstas demuestran que algo sucede en las organizaciones, las acciones no son coherentes con la filosofía, no concuerdan con lo prometido ni responden a alguna planificación. El gerente está para calentar silla, llenarse la bocota al pronunciar su cargo y cobrar el triple del salario mínimo o más; mientras su equipo de trabajo sigue atado a un mísero quince y último, del cual se descuentan un montón de fracciones de acuerdo a la Ley. ¡Pobres empleados!
La mayoría de los gerentes (OJO, hay excepciones) que he conocido en Barquisimeto son el vivo ejemplo de un decálogo de errores gerenciales. Se esmeran en empeorar diariamente y no mueven un dedo para salvar su gestión. Marean con un doble discurso que sólo ellos creen, no escuchan las propuestas/ quejas del equipo a su cargo y si lo hacen aplican la razón del bobo: “Tienes toda la razón pero no esperes soluciones”. Además se rodean de aduladores para elevar su ego y ocultar su impericia, ejercen el mando a través de gritos y amenazas, dirigen a su antojo y están pendientes únicamente del recurso monetario, olvidando al humano.
Lo peor del asunto es que existe gente capacitada que sigue (seguimos) esperando una oportunidad para demostrar habilidades y destrezas en roles de mayor relevancia, pero no pueden (podemos) hacerlo porque esos cargos están ocupados por personajes inertes.
Sigamos así, llegaremos bien lejos.
¡Qué viva la palanca, la injusticia y la mentalidad bodeguera!
