Posteado por: desparpajado | 10/05/2008

Requiem for a dream: intensamente adictiva


 

Perdí la cuenta de la cantidad de veces que he visto esta película. Es uno de esos filmes que no me canso de apreciar, encerrado en mi habitación y con la luz apagada. Su intensidad, dramatismo y transgresora estructura son las cualidades que la hacen una de mis cintas preferidas.

 

Se trata de “Requiem for a dream” (muchos la habrán visto, porque no es muy nueva que digamos),  una historia dirigida por Darren Aronofsky (el mismo de “Pi”) y protagonizada por Ellen Burstyn, Jared Leto (vocalista de 30 Seconds to Mars),  Jennifer Connelly y Marlon Wayans. Pertenece al movimiento cinematográfico independiente de Norteamérica y está basada en una de las novelas de  Hubert Selby Jr.; de allí deriva la solidez y densidad de su narración.  

 

El tema central de la historia es la adicción  y precisamente eso es lo que produce. No exagero al decir que la forma como está “construida” la película es adictiva, tanto que- pese al desasosiego que en muchas ocasiones genera por la agresividad de las imágenes y el ritmo del montaje-  no permite dejarla a medias ni omitir alguna escena, por más desalmada que ésta sea.

 

El director, sin piedad ni escrúpulos, expone un laberinto de emociones sin salida. Muestra personajes decadentes que intentan salvarse de su propia perdición. Es un pequeño ejemplo de la realidad deshumanizante en la que vivimos, la cual nos atrapa con  frivolidades y tentaciones; haciéndonos caer en una debacle existencial.

 

A este argumento se le suma el tratamiento técnico que le aporta Aronofsky, quien apoya el mensaje del filme en una vibrante yuxtaposición visual con recursos fílmicos arriesgados: división de la pantalla, alteraciones del ritmo en un mismo plano y pericias especiales de cámara, tales como la  Heat-Cam, la Vibrator-Cam, y la Snorri-Cam (cámara unida o atada al cuerpo del actor), considerada una de las mejores maneras para lograr tomas y planos más subjetivos. 

 

Por si fuera poco, aplica una técnica llamada  hip-hop montage”, inspirada por la cultura rap de los años 80 y en su estética de muestreo, recombinación y collage. Con ella exhibe el proceso de drogarse a través de una sucesión rápida de imágenes, acompañada por la hipnotizante banda sonora, original de Clint Mansell y con colaboración de Kronos Quartet; quienes unen talentos para crear un soundtrack sencillamente magistral.

Con todo esto, obviamente no les voy a contar el final (para aquéllos que todavía no la han visto), pero sí voy a recalcar lo neurálgico y contundente del desenlace. Es uno de los momentos que más admiro por su calidad técnica y dramática, aunque no puedo negar que se convierte – contradictoriamente- en un instante de repulsión. ¿Por qué? Basta con ver alrededor de diez minutos de sufrimiento e inmundicia humana para desear despegarse de la realidad y volar hacia recovecos menos mugrientos.

Sin duda alguna, “Requiem for a dream” es el intento por alcanzar los sueños y el fracaso de quienes no lo pudieron hacer. Es la metáfora visual del hundimiento del hombre hasta sus últimas consecuencias. Por eso me gusta tanto, por su magnífica manera de reflejar un contexto para nada ajeno a nosotros.

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