Posteado por: desparpajado | 17/10/2008

Episodio 1: El primer beso


 

 

Proviene de una acomodada familia capitalina. Hija de un adinerado ingeniero civil y una abogada de intachable trayectoria, Karla – o Karlita, como la llaman sus más íntimas amistades- es una joven de deslumbrante belleza física. Su figura enloquece a más de uno y su impactante osadía deja boquiabiertos a los hombres que tienen el “privilegio” de conocerla más a fondo.

 

Es una de esas muchachas que se hacen sentir. Acostumbrada a tenerlo todo en la vida, siempre anda en busca de más. Más lujo, más placer, más experiencias, más disfrute. Desconoce el significado de la palabra NO, pues desde niña recibió sólo afirmaciones como respuestas a sus excéntricas peticiones.

 

Recorre las calles montada en un envidiable convertible último modelo.  Ataviada con trapos de las marcas más afamadas y olorosa a perfumes traídos del viejo continente, Karlita asume  su existencia como si se tratase de una fiesta perenne: cero preocupaciones y exceso de diversión.

 

Lo de “facilita” es casi innato. Este sobrenombre le fue adjudicado cuando era muy pequeñita. Dicen las malas lenguas  que al nacer le guiñó el ojo derecho al pediatra de guardia. Pero este hecho nunca fue corroborado por el médico, así que se convirtió en una simple anécdota familiar sin pruebas fehacientes.   

 

Sin embargo, con el paso de los años, el apodo se apoderó de su personalidad. De hecho, todo su entorno la conoce como Karlita “la facilita”. Unos lo dicen jocosamente, otros (as) con toda la mala intención. Lo cierto es que a ella no le preocupan las opiniones emitidas por el común denominador. Luce con orgullo su  seudónimo y se ha encargado de ratificarlo con sus controversiales y chistosas relaciones amorosas. Únicas en su estilo.  

 

Prueba de ello su primer noviazgo. La muy aventurera debutó en materia sentimental a los cuatro años. A esa edad conoció a Mauricio, un compañerito rubio, de ojos azules, descendiente de holandeses,  con quien inició un devaneo bastante peculiar.

 

Empezó un día cualquiera en el jardín de infancia, justo al sonar el timbre del receso, cuando Karlita tomó de la manita a Mauricio y corrió con él hasta detrás de un árbol. Allí lo acorraló, le  miró fijamente a los ojos y sin pronunciar una palabra unió sus labios con los del tembloroso niño, como símbolo de formalización.

 

Lo que ella jamás imaginó fue que, ese día,  el niño se encontraba enfermo del estómago. Así que acto seguido al beso, Mauricio se arqueó, vomitó desmedidamente  y salpicó todo lo que se encontraba alrededor, inclusive a su enamorada.

 

Impávida por lo acontecido, Karlita no supo qué hacer. Al cabo de algunos segundos reaccionó y al verse empapada en vómito,  huyó despavorida para acurrucarse en los brazos de la maestra y sollozar. Así fue su primer beso. Un piquito inocentemente asqueroso, imposible de olvidar.

 

La pequeña niña asumió aquella experiencia como el inicio y fin de un tórrido romance. Un amorío que únicamente tuvo razón de ser en su precoz cabecita. Un corto pero apasionado idilio que culminó por culpa de la indigestión de un niño hermoso.

 

Desde ese día aprendió la lección: “EL AMOR Y LA INDIGESTIÓN FUERON AL CAMPO UN DÍA, PERO PUDO MÁS LA DEBACLE ESTOMACAL QUE EL AMOR QUE SE SENTÍA”.

 

 

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Responses

  1. Jajajajajajaja…suele pasar…no sólo la baba es tan determinante…jajajajaja un abrazo Edgar volviste a tus andanzas…a la expectativa de los próximos capítulos

  2. buena¡¡


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