Posteado por: desparpajado | 07/01/2010

Juicio a la televisión venezolana


A continuación copio parte de un artículo escrito por Renny Ottolina en 1980, publicado recientemente por Francisco Granados en su blog “Hablando en Stereo”.

Un excelente aporte de este joven comunicador y una muy buena oportunidad para leer la crítica de un hombre que sí sabía de televisión y que, a pesar de trabajar en el medio, critica la influencia negativa de la pantalla chica y la subestimación al público venezolano.

 Revista Resumen, Nº 346, 22 de junio de 1980

Por Renny Ottolina

La revista Semana me ha solicitado que enjuicie la televisión venezolana. No es un pedido fácil eso de «enjuiciar». Enjuiciar es un verbo comprometedor pero las situaciones comprometidas son, la mayoría de las veces, las más interesantes. Al enjuiciar a la televisión venezolana lo hago como un espectador más. Siendo un medio de comunicación masiva y, como tal, sujeta al juicio público, quienquiera que vea televisión tiene derecho a enjuiciarla. En este derecho común a todo baso la autoridad de mi juicio. Que esa autoridad cuenta con los recursos que me da el ser un profesional de la televisión es otra cosa. Pero quiero dejar claro que, más que como Renny Ottolina, en este análisis me sitúo como un venezolano más que tiene televisor en su casa, que tiene esposa e hijos y tanto él como su familia ven televisión.

La televisión venezolana, hoy por hoy, no aporta lo que debiera a la cultura nacional. Es más, su influencia es, quizás, negativa. Para tener un punto de partida me veo obligado a comenzar por el final, que en caso de un juicio es el veredicto. Encuentro la televisión venezolana culpable de ignorar la dignidad de los habitantes de nuestro país. Paralelamente la encuentro culpable de desidia en su programación y de pecar de ligereza en cuanto a la responsabilidad que implica su inmenso poder. Responsables por igual de esta situación: los patrocinantes, las agencia de publicidad y las estaciones de televisión. Conocido el veredicto y los culpables estudiemos las razones determinantes, y veamos cómo un principio razonable puede ser distorsionado por una miopía de la industria, hasta el punto de convertirse en causa del mal causado.

El anunciante, a través del medio de comunicación masiva, busca un máximo de personas a quienes hacer llegar su mensaje comercial. Las agencias de publicidad recomiendan los medios que consideren apropiados para lograr este propósito, bien sea prensa, radio o televisión. En este último caso el factor determinante es la audiencia promedio que pueda tener un programa. En nuestra industria esto se conoce como rating. Patrocinantes y agencias quieren, pues, programas de alto rating que las estaciones de televisión deben producir. Mientras más personas vean un programa, tanto mejor, porque a más personas llega el mensaje comercial. Hasta aquí el planteamiento es bueno. El principio es razonable. Pero es aquí donde surge la miopía que distorsiona la responsabilidad paralela que da a la televisión su tremenda influencia dentro de la vida familiar.

Patrocinantes, agencias y estaciones parecen olvidar que además del derecho y necesidad de anunciar productos, está el deber de saberlo hacer. Es en esto en lo que yo creo que la televisión venezolana está equivocada desde hace muchos años y en lo que va, cada vez más, de mal en peor. Patrocinantes, agencias y estaciones de televisión no vacilan en producir los programas y las cuñas comerciales más vulgares, chabacanos y asombrosamente denigrantes para lograr el más alto rating posible. Su razonamiento aunque equivocado, es por demás sencillo: «Hay que llegar al grueso del público». O lo que es lo mismo, también en el lenguaje de nuestra industria, a las clases socioeconómicas C, D, E traducido al lenguaje de todos los días a las grandes masas, que son siempre los más pobres, pero que son básicas para el consumo de productos de fabricación masiva. «Hay que llegar al grueso del publico»… la televisión venezolana suelta entonces sus andanadas diarias de telenovelas donde las hijas se disputan el marido de la madre, la madres no saben quiénes son sus hijos o donde los hijos no saben quiénes son sus padres. Gracias a este concepto de la televisión surge el programa donde un hombre, impulsado por la necesidad o la ignorancia, no vacila en exponerse al ridículo a costa de su dignidad, a cambio de unos pocos bolívares.

Hasta hace muy poco la televisión venezolana, no satisfecha con su esforzada labor hacia el descenso de los más elementales valores de la dignidad humana, consideró más que necesario, imprescindible, programar espectáculos filmados cuya base son el terror y la violencia, en horas cuando la televisión venezolana estaba absolutamente segura que habría más niños encendiendo televisores y, por lo tanto, aumentando el rating. Pero si todo lo anterior fuese poco, las cuñas comerciales en su gran mayoría, acostumbran a los televidentes venezolanos a gritar, a hablar mal nuestro idioma, y a comprar algunos productos por la razón primordial de que son estímulos del sexo. Todo eso pagado muy a conciencia por las agencias publicitarias respectivas y programado muy a conciencia por las estaciones televisoras respectivas.

Para seguir leyendo:

http://franciscogranados.blogspot.com/2010/01/juicio-la-television-venezolana.html


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