Posteado por: desparpajado | 10/01/2010

¿Contrato prenupcial? Sí, acepto ¿y tú?


Hace poco leí el libro “AM/ FM  ¿Felizmente Mantenida o Asalariada de Mierda?”, escrito por la periodista barranquillera Isabella Santo Domingo. El libro, si me baso en su título, está dirigido exclusivamente a todas aquellas mujeres que se preguntan cuál será la forma más conveniente de vivir: sola o en pareja.

Sin embargo, al momento de comprarlo no le presté atención a eso. En lo particular, estas obras “feministas” y con un humor bastante negro me gustan, pues retratan el enigmático mundo de las mujeres de un modo irónico y reflexivo. Porque aunque parezcan lo contrario, la mayoría de éstos cuestionan a las féminas por su inconformismo innato en materia sentimental. Cuestionamiento que también nos planteamos los hombres en el intento perpetuo de entenderlas y complacerlas.

En el capítulo tres, la autora- también creadora del best seller “Los caballeros las prefieren brutas– desarrolla el tema del contrato prenupcial como mecanismo para mantener viva la llama de la pasión o acabar las cosas de una buena vez. En su exposición de motivos,  manifiesta que esta propuesta “sería la solución ideal para luchar aún más por la relación, para renovar los votos  cada tanto y/o para terminar bien si las cosas andan mal”.

Ya había escuchado antes algunas opiniones sobre acuerdos premaritales pero al leer la explicación de Santo Domingo, ahora me resulta una idea menos descabellada y más coherente, tomando en cuenta las epidemias de inseguridad e infidelidad  que contagian cada día a más parejas en Venezuela y el mundo.

No suena mal eso de llegar a un acuerdo y proponer un tiempo específico para tratar de vivir con otra persona y lograr una convivencia sana en todos los sentidos. Para mí funcionaría de la siguiente manera:

Si en ese tiempo el ambiente promovido por ambos es apropiado, cómodo y satisfactorio, seguimos adelante. En cambio, si hemos engendrado una relación- llámese matrimonio o concubinato- hostil, confusa, irrespetuosa y contraproducente para uno de los dos (o para ambos), le ponemos punto final al contrato y si te he visto no me acuerdo.

El contrato debería  ser a término fijo y renovable cada cinco años. Durante ese período, debemos poner lo mejor de nosotros para que funcionen las cosas y si no, recuperamos nuevamente nuestra libertad para que cada quien haga lo que se le antoje, en solitario o con otras personas. Sin ataduras, remordimientos ni reproches.

De nada vale obligarnos a estar juntos toda la vida, como lo sugiere la Iglesia y sus anticuadas normativas, cuando ya no exista respeto, admiración, confianza, comunicación y amor. Para ello, mejor nos vamos estableciendo metas a corto plazo. Si las alcanzamos, pasamos al otro nivel (como si se tratara de un videojuego) o a la siguiente temporada (si lo vemos como un producto televisivo). Así hasta que nuestras propias decisiones o la muerte nos separen.

Además, si detallamos mejor el contrato prenupcial, nos percataremos de que nos garantiza compañía por un lapso de  tiempo, mas no para siempre. Quizá el miedo a no quedarnos solos, nos obligue a trabajar con más ahínco en pro de la pareja y a no confiarnos en una estabilidad inestable, valga la contradicción. Porque si nos ponemos analíticos, la exagerada confianza que genera el sentimiento de posesión es, tal vez, la principal razón por la cual se disuelven tantas relaciones: los seres humanos al saber que algo nos pertenece para toda la vida, dejamos de prestarle atención y lo descuidamos hasta el olvido, ya que tenemos la plena seguridad de que estará ahí, pase lo que pase. Grave error.

Entonces, ¿no es razonable el tema del contrato? A mi parecer, sí y bastante. El mismo nos permitirá valorar en mayor medida lo que tenemos y nos ayudará a comprender mejor la ruptura (en caso de que la situación amerite un rompimiento), no como un fracaso sino como una experiencia de vida. Tendremos la posibilidad de terminar y salir con la frente en alto porque lo intentamos. Y eso también tiene su mérito.

Basta de seguir atados por un simple compromiso entre familias o por creer que el estar con alguien nos ayudará a subir de puesto en la escala social. Si vamos a unir nuestros defectos y virtudes, hagámoslo porque lo deseemos desde el fondo de nuestro ser. Si no, adiós. Rompemos el contrato y no ha pasado nada. Eso sí, sin esperar liquidación. ¿Trato hecho?



Responses

  1. Excelente,me encantó,y muy acertado…

  2. Excelente de verdad este escrito… Esta bueno de vivir del que diran…

  3. Muy de acuerdo!


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